Pinweel: comparte fotos sólo con quien tú quieras

Dirás que no necesitas otra aplicación más de fotos para tu iPhone, pero te equivocas: necesitas Pinweel. ¿Por qué? Pues porque es SIMPLE, bonita, sencilla. Porque puedes editar tus fotos. Pero sobre todo, porque puedes hacer grupos para compartir tus fotos sólo con aquellas personas con las que eliges compartirlas. Y todo ello sin complicaciones, sin volverte loco, sin dar mil vueltas.
Click, click, click.
¡Y ya!

Las fotos de los sobrinos, sólo con la familia (y para chulear de buenos genes con las amistades en esas en las que salen particularmente estupendos). Las fotos de las parrandas nocturnas, sólo con los compañeros de francachela. Las fotos que puede ver el jefe, con los los compañeros de curro. Y el resto de fotos… esas mejor olvídate de ellas, que no le interesan a nadie (y admítelo, artísticas, lo que se dice artísticas no son, aunque a ti te lo parezcan).

Y por supuesto, con los efectos oportunos para que tus fotos parezcan “algo”. Que si retro, que si lomo, que si en blanco y negro, que si en sepia, con efecto polaroid, con marquito negro, etc. Vamos, lo standard en estos días (y que va a conseguir que una foto “en bruto” nos parezca el colmo de lo moderno de aquí a dos días). Que estarás pensando que para eso ya tienes Instagram, peeeerooo… ¡recuerda!, con Pinweel las compartes sólo con quien quieres compartirlas.

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Zorionak Casete!!!

Vale, que tu decías “cinta”. Pero si llegamos a poner cinta en el título del post no te enteras de lo que hablamos, y de esta forma tu cerebro ha entrado en modo “retro” en cerocomados segundos y ya te están viniendo un montón de recuerdos a la memoria. ¿A que si?

Y es que hoy leemos (merci por el link) que las cintas están de aniversario. Concretamente hace 50 años que se empezaron a comercializar, parece ser. Y ha sido leerlo y entrarnos un respeto muuuuyyyy grande por aquellas cajitas plásticas que tan buenos ratos nos hicieron pasar, aunque ahora las hayamos relegado al más despreciable olvido. Y es que, ¿quién no recuerda alguna de aquellas cintas como auténticos tesoros que se escuchaban una y otra vez, que te acompañaban en tus mejores momentos?. Qué bonito lo de la “cara a” y la “cara b”; qué bonito lo del “rec” y el “pause”; qué bonito lo de escuchar la radio con todos los sentidos puestos para ver si pillabas esa canción que tanto te gustaba; qué bonito eso de ir compilando tus canciones favoritas; qué bonito lo del “wronch” que inevitablemente se escuchaba cada vez que le dabas a grabar (independientemente de tu destreza para simultanear el “pause”); qué bonito la agilidad de muñeca que desarrollabas cuando agarrabas el bic para rebobinar sin gastar las pilas; qué bonito lo de aprender a arreglarlas con celo el día que (oh, tragedia) se te quedaba enganchada; qué bonito lo de tener una colección reducida de canciones favoritas (todas requetesabidas y requetescuchadas); qué bonito lo de crear una cinta nueva con las mejores para llevártela a aquella fiesta o aquella futura escapada de fin de semana; qué bonito lo de buscarlas un título que resumiese su esencia; qué bonito el esmerarte con la letra al rellenar el contenido (en aquella cartulina asquerosa en la que siempre se corría la tinta del bolígrafo) y qué bonito el ritual final de poner la pegatina en cada cara (dichosa pegatina demasiado alargada que siiiieeempre se arrugaba); qué bonitas las TDK transparentes, tan modernas ellas; qué bonito lo de romper la pestañita aquella cuando ya habías alcanzado la excelencia y aquella cinta no había quien la mejorase; qué bonito descubrir que si le ponías un celo al hueco podías volver a grabar esa cinta cuando ya te habías aburrido de ella (y qué poco bonito que tus hermanos descubrieran que podían hacer eso mismo con tus cintas); qué bonita la emoción y el mimo cuando grababas una cinta para alguien (emoción multiplicada exponencialmente cuando el destinatario era ese “otro” alguien)…

Ay… ¡qué bonito!

¡Una experiencia Enkartada!

El viernes pasado nos fuimos de trabajo a Balmaseda. Una de esas sesudas e intensas jornadas de observación/inspiración/reflexión/meditación que tan buenos resultados suelen dar. Aprovechamos que teníamos pendiente de celebrar la comida de Navidad y allá que nos fuimos, dispuestos a mezclar trabajo y placer. ¡Y vaya que si nos salió bien la jugada!.

Y todo porque en la oficina de Enkartur tienen un súper plan para hacer los fines de semana que desde SIMPLE recomendamos vivamente: putxera + visita guiada + risas + poteo + risas + comerse las riquísimas alubias de la putxera + visita al museo “Fábrica de boinas La Encartada” + más risas… Todo, por 25 euros por persona (mínimo grupos de 6).

Así que se nos imaginen ustedes el pasado viernes bien de mañanita desayunando en el “Pintxo y Blanco” (que nosotros en realidad íbamos a tomarnos un café, pero vista la barra no pudimos resistirnos a comer uno -o más- pintxos). Después, una de ir a ver cómo funciona eso de las “putxeras” (un invento de los trabajadores de los ferrocarriles del norte, que utilizaban el vapor de los trenes para calentar la comida). Y allí en medio mitad de la calle empezamos a salivar ante la contemplación de todo lo que iba en crudo al perolo y que tras varias horas de fuego lento, mucho remover y aún más mimo, iba a ser nuestra comida.

De allí nos fuimos al “Museo de Boinas La Encartada”, la antigua fábrica de la que salieron las boinas que taparon las testas de nuestros ancestros. Un “regreso al pasado”, a las cosas bien hechas, a las máquinas centenarias que aún hoy siguen funcionando, a la eficiencia energética, al fundamento. Una muy, muy interesante experiencia a la que siguió una no menos vibrante visita guiada/poteo por Balmaseda (primera villa de Bizkaia), recorriendo todos sus rincones y degustando algunos de los txakolis que producen en la zona, para rematar la jornada metiéndonos entre pecho y espalda las fantásticas alubias “y acompañamiento” que se habían estado haciendo durante todo el día en la putxera. Vamos, muy mal plan.

(Por cierto: de la parte de esta jornada en la que nos dedicamos a trabajar ya os hablaremos otro día. Todavía estamos en fase de sacar conclusiones y ponerlas por escrito)